Cuando tenía 12 años, en 2022, mi papá nos compró Prime Video. En ese tiempo yo andaba totalmente obsesionada con las películas de zombies que había en Netflix, así que me había planeado ver todas las películas de zombies de Prime Video. Esa plataforma tiene muy buenas series y películas en su mayoría, aunque tuve que empezar mi lista con una película malísima. No recuerdo el nombre, pero se trataba de una infección zombie. Los personajes se conocieron, creo, y poco a poco todos se iban muriendo.
Odio muchísimo el final porque, piensan esto: si estás en un helicóptero, abajo hay toda una horda de zombies y ves a una chica esperando ser rescatada, ¿en serio vas a bajar solo para decirle que no hay espacio para ella ni para la persona herida que lleva, darle esperanza de vivir por unos segundos y luego dejarla morir? ¡¡¡¡NO!!!! Yo mínimo pasaba de largo. ¿Por qué bajarías? ¿Para qué aumentar su esperanza de sobrevivir si igual la vas a abandonar? Hasta ahora me da cólera pensar en eso.
Pero dejando esa película aparte, gracias a Prime Video conocí series hermosas, y una de ellas terminó rompiendome el corazón por completo: Good Omens.
Su último episodio salió el 13 de este mes. No me atrevía a verlo porque no quería aceptar que otra de mis series favoritas había terminado. Bueno… en realidad también me olvidé un poco porque estaba ocupada, pero en el fondo sabía que no quería enfrentarme al final.
Hoy, desplazándome en TikTok, me acuerdo de la serie. Prendí mi televisor, puse Good Omens y la vi. Me quedé sentado viendo todo, aunque tuve que omitir tres partes porque parte de mi familia estaba ahí conmigo. La primera fue el beso. La segunda, casi al final, cuando tienen esa despedida tan dolorosa. Y la tercera cuando se tomó de las manos. Sí, literalmente tuve que saltarme partes porque me daba demasiada vergüenza que me vieran viendo eso, aunque honestamente yo estaba muriéndome emocionalmente por dentro.
A mis 12 años, haber encontrado una serie que combinaba dos de mis cosas favoritas en el mundo (el boys love y Queen) era absolutamente TODO para mí. HACER . Sentía que la serie estaba hecha específicamente para mí.
Cuando terminaron las dos primeras temporadas grité de emoción, salté y hasta me caí. Estaba completamente obsesionada y desesperada por una tercera temporada. Desde entonces empecé a imaginar todo lo que podía pasar. Me inventaba teorías, escenas, diálogos; Pensaba en eso constantemente. Pasó un año y luego me enteré oficialmente de que sí habría un episodio más. Me emocioné otra vez como loca.
Y mientras el tiempo avanzaba, mi vida también avanzaba junto con mi amor por esta serie.
Yo realmente creía (y sigo creyendo) que la relación de Crowley y Aziraphale es una de las relaciones más hermosas y sanas que he visto en ficción. No porque fueran perfectos, porque claramente no lo eran, sino porque ambos eran el complemento del otro. Los dos tenían algo que al otro le faltaba, y con el tiempo aprendieron a llenar esos vacíos mutuamente.
Crowley era alguien cansado del universo, del cielo, del infierno y de todas las reglas absurdas. Él no quería seguir peleando guerras eternas. Solo quería vivir tranquilo junto a Aziraphale, lejos de todo. Por eso quería irse con él a Alfa Centauri. Mucha gente piensa que eso fue egoísta, pero yo no lo veo así. Crowley estaba desesperado. Él ya había pasado siglos sintiéndose solo, sin pertenecer realmente ni al cielo ni al infierno. Azirafel era su hogar. Y cuando le propuso escapar juntos, en realidad le estaba diciendo: “el universo puede destruirse, pero mientras esté contigo me basta”.
Pero Azirafel era distinto. Y eso es lo que hace tan dolorosa su relación.
Azirafel era bueno, sí, pero también era increíblemente egoísta en algunas cosas, aunque lo disimulaba muy bien detrás de su bondad. Él seguía aferrándose a la idea de que el cielo era “el lado correcto”. Toda su vida había buscado la aprobación celestial. Aunque amara la Tierra, los libros, la comida y especialmente a Crowley, seguía siendo un ángel criado para obedecer.
Por eso, cuando le ofrecen volver al cielo y “cambiar el mundo”, cae otra vez en esa fantasía de que todavía puede arreglar las cosas desde dentro. Cree sinceramente que puede convertir el cielo en un lugar mejor. Cree que si logra cambiar el sistema entonces él y Crowley podrán vivir tranquilos después.
Y ahí está el problema: ambos querían un futuro juntos, pero querían llegar a él de maneras completamente distintas. Crowley quería escapar de los problemas. Azirafel quería arreglarlos.
Y al final ambos terminaron destruyendo su relación por sus propios deseos personales y conflictos internos.
La escena del beso me mato. Porque Crowley no lo besa solo por amor romántico. Lo besa porque está desesperado. Porque siente que está perdiendo a la única persona que realmente amó en toda su existencia, DURANTE TODOS LOS DIGLOS TODAS ESAS GUERRAS (esa jeje). Es prácticamente un último intento de hacerlo quedarse.Y Azirafel... dios. Azirafel entra en shock total.
En ese momento tiene que elegir entre la vida que siempre creyó que debía tener como ángel y la vida que realmente quería con Crowley. Y aunque claramente lo ama, termina reaccionando como un ángel antes que como una persona enamorada. PUAJJJJJJLAS REGLASSS
Por eso dice “te perdono”.
Esa frase duele muchísimo porque no la dice desde superioridad, sino desde confusión. Azirafel usa constantemente el perdón como mecanismo de defensa. Crowley acababa de romperle toda la imagen perfecta que tenía en la cabeza sobre cómo “debían” hacerse las cosas. Lo besó, rechazó el cielo y le pidió escapar juntos. Básicamente le pidió abandonar todo lo que Aziraphale había creído durante millas de años, MILES
Y Azirafel no supo manejarlo. Entonces sube a ese ascensor. Y Crowley vuelve a quedarse solo.
Eso fue lo que más me destrozo. Porque Crowley siempre parece ser fuerte, sarcástico y despreocupado, pero emocionalmente depende muchísimo de Aziraphale, DEMACIADO. Desde que cayó del cielo nunca tuvo un verdadero hogar. Nunca perteneció completamente a ningún lugar. Azirafel era la única constante en su vida.
Por eso después se siente tan vacío y perdido.
Y creo que lo más doloroso de toda la serie es que ninguno era completamente el malo. Ambos tenían razón y ambos estaban equivocados al mismo tiempo.
Porque sí, Crowley ignoraba los problemas reales al intentar huir de ellos.
Pero Azirafel seguía aferrándose a una institución corrupta creyendo que podía salvarla.
Y ahí entran personajes como Metatron, Michael, Uriel, Saraqael o Sandalphon. No hablo de las figuras bíblicas reales, sino de cómo la serie los representa. Ellos simbolizan instituciones religiosas rígidas donde obedecer importa más que comprender o amar.
Y honestamente siento que eso también pasa en la vida real algunas veces. Y una perspectiva propia de parte de mi familia, lo e visto demaciadas veces.No digo que la religión sea mala. Hay personas religiosas increíblemente buenas y amorosas. Pero también existen fanáticos que usan la religión para controlar, juzgar o decidir qué tipo de amor está “bien” y cuál no. Y eso arruina muchas cosas. Arruina relaciones, personas y hasta la forma en que alguien se percibe a sí mismo.
Y algo que me encanta es cómo la serie también refleja esto con la relación entre Beelzebub y Gabriel.
Porque honestamente, al principio parecía imposible.
Gabriel representaba todo lo que Crowley odiaba del cielo: arrogancia, superioridad y obediencia ciega. Mientras que Beelzebub representaba el infierno y toda esa frialdad donde parecer débil era casi un crimen. Ninguno parecía capaz de amar realmente a alguien.
Y aún así terminaron enamorándose.Pero lo interesante es que su relación funciona completamente diferente a la de Crowley y Aziraphale.
Crowley y Aziraphale son lentos, complejos y dolorosamente humanos. Pasan siglos negando lo que sienten, escondiéndose detrás de excusas, miedo y deberes. En cambio Gabriel y Beelzebub simplemente llegan a un punto donde dicen: "¿Sabes qué? Me importas más que todo esto" y se van juntos.
Ellos sí lograron hacer lo que Crowley quería desde el principio: escapar.
Y creo que eso también afecta muchísimo a Crowley. Porque, de cierta manera, Gabriel consiguió en unos años lo que él llevaba intentando obtener durante siglos con Azirafel.
Además, la relación entre Gabriel y Beelzebub demuestra algo importante: ni el cielo ni el infierno son realmente capaces de comprender el amor. Ambos sistemas esperan obediencia absoluta. Por eso cuando ellos deciden irse juntos, tanto el cielo como el infierno reaccionan casi igual. Porque para esas instituciones amar libremente es una amenaza.
Y eso conecta otra vez con la vida real.
Muchas veces las personas más fanáticas no soportan ver algo que se sale de las reglas que ellos consideran “correctas”. No importa si hay amor genuino o felicidad; si rompe sus normas, entonces automáticamente lo ven mal.
Y algo que también amo muchísimo es Muriel.Porque Muriel representa algo completamente diferente al resto de ángeles.
Mientras personajes como Michael o Uriel viven obsesionados con reglas, autoridad y obediencia, Muriel es inocencia pura. Literalmente parece un ángel que nunca terminó de entender cómo funciona realmente el cielo. Y eso hace que, aunque sea ingenua, termine siendo muchísimo más humano que muchos otros personajes.
Muriel no entiende del todo la maldad ni las manipulaciones del sistema porque todavía conserva curiosidad y bondad genuina. Y creo que por eso tanta gente le tomó cariño tan rápido. Cada escena suya se siente tranquila, dulce y hasta un poco triste.
Especialmente cuando llega a la librería.
Porque ahí se nota algo importante: Muriel queda fascinada con la vida humana de una manera muy parecida a Aziraphale, pero sin toda esa necesidad enfermiza de aprobación celestial. Muriel simplemente disfruta descubrir cosas nuevas. Libros, conversaciones, emociones, detalles pequeños… todo le parece increíble.
Y honestamente siento que Muriel representa la posibilidad de un “nuevo cielo”. Uno menos rígido, menos cruel y menos obsesionado con obedecer sin pensar.También me da mucha tristeza porque Muriel claramente admiraba a Azirafel. Se nota muchísimo. Y cuando Aziraphale se va, la deja prácticamente sola intentando entender un mundo que apenas conoce.
Pero al mismo tiempo siento que dejarla en la librería fue importante. Porque la librería siempre representó libertad. Era el lugar donde un ángel y un demonio podían existir juntos sin seguir completamente las reglas de nadie.
Y ahora Muriel queda ahí, como si heredara un poquito de todo eso.
Además, Muriel sirve para demostrar que no todos los ángeles son iguales. El problema no es “ser ángel” o “ser demonio”. El problema son las instituciones y la forma en que enseñan obediencia ciega. Porque Muriel, aun siendo un ángel, logra mostrar más empatía y humanidad que muchos personajes “superiores”.
Y eso conecta otra vez con toda la idea principal de Good Omens: las etiquetas no definen quién eres realmente.
No importa si eres ángel, demonio o humano.Lo que importa son las decisiones que tomas, las personas que amas y la capacidad que tienes para cuestionar lo que te enseñaron.
Por eso me gusta tanto Good Omens. Porque detrás del humor, de los ángeles y demonios, realmente habla sobre libertad. Sobre elegir quién quieres ser aunque el mundo entero espere otra cosa de ti.
Y al final el “demonio” es quien más entiende el amor humano, mientras que el “ángel” es quien más lucha contra las reglas que le enseñaron desde siempre.
Y aun así se aman.
Se aman durante siglos enteros. A través de guerras, del cielo, del infierno, del orgullo, del miedo y de sus propios errores.
Y creo que por eso me afectó tanto terminar esta serie. Porque no se sintió como terminar simplemente un programa de televisión. Se sintió como despedirme de una etapa de mi vida.
Desde los 12 años crecí esperando ver qué pasaría con ellos. Crecí junto con esa historia.Y creo que Muriel también representa eso de alguna manera.
Porque así como Muriel entra a la librería y descubre un mundo completamente nuevo, yo también descubrí algo nuevo cuando encontré Good Omens. Descubrí personajes imperfectos que podían amar incluso cuando todo el universo parecía estar en contra de ellos. Descubrí historias donde las reglas no siempre significaban lo correcto. Descubrí relaciones complejas, dolorosas y humanas escondidas detrás de humor, caos y ángeles.
Y ahora que terminó… siento un vacío raro, como si una parte pequeña de mi infancia también hubiera terminado con ellos.
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