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miércoles, 25 de marzo de 2026

Mi carrera "soñada"

Cuando uno es pequeño no tiene idea de lo que quiere o desea ser, solo se rige por lo que la sociedad le da a conocer. En mi caso, casi toda mi vida la pasé creyendo que quería ser ingeniera de sistemas, porque una tía mía que lo es se la pasa viajando y en los mejores lugares. Aunque yo quería eso, la gente a mi alrededor decía otra cosa.

Yo de pequeña amaba los poemas, era una máquina de rimas; solo debías darme una palabra y creaba un mundo entero. Eso sí, solo cuando no me encontraba nerviosa, porque si no, mis ideas eran tantas que no las podía organizar a tiempo antes de expresarlas. Muchos familiares y conocidos de mis padres que me escuchaban decían que yo tenía buena pinta para ser abogada, que en un juicio no saldría de ahí hasta ganarlo. Yo no sabía qué era derecho, no sabía nada de lo que hacían; para mí lo veía como algo muy aburrido. Tenía demasiado perfeccionada la idea de ingeniería: viajar, tener varias cosas, casa propia, un carro y todo eso en mi cabeza de 7 a 9 años.

A los 10 aprendí que mi carrera no era algo de qué preocuparme tan pronto. La pandemia golpeó fuertemente mi vida, aunque no era muy consciente de eso. No pasé ninguno de esos años preocupándome por nada, hasta que entré a secundaria. Ahí todavía no estaba muy asociada al mundo educativo presencial, tenía un fuerte miedo en mi apariencia, aunque si ahora lo veo, tal vez no me preocupaba mucho.


La nueva idea que tenía era: “quiero ser psicóloga”. Eso hasta que se los conté a mis padres y mi papá estuvo más de medio año dándome múltiples razones de por qué con esa carrera me moriría de hambre. ¿Trágico? Tal vez, porque yo quería serlo solo para demostrarle algo a personas que ni me topaban.

En mi colegio había todo tipo de personas: las taradas, los otakus, los chéveres, los raritos. Yo no sabía a qué grupo encajaba, pero sí sabía quiénes me daban cólera. Me molestaban mucho mis compañeras otakus, que sospecho que eran furras; a cada rato, sin importar que estemos en clase, hacían sonidos de gato o cualquiera similar fingiendo ser “tiernas”. Eso me perturbaba, pero igual me juntaba a veces con ellas porque leían BL y yo creía que por ser del mismo fandom seríamos amigas. Error: solo conocían los cinco más populares del momento. Sus favoritos eran BJ Alex y Killing Stalking (no sé si así se escribía). Yo solo hablaba con ellas para recomendarles otros como “No digas que me amas”, “Los 10 años que más te amé” y así. También amaba recomendarles uno en específico: Lector Omnisciente. De las seis chicas, solo una me hizo caso y hasta ahora hablamos.

Habían tres en específico que también querían estudiar psicología. Yo lo veía normal hasta que les pregunté si sabían algo de la carrera. Recuerdo que empezaron a hablarme de la empatía, bien, de saber escuchar, súper, y luego nada más. Repetían las mismas cosas a cada rato. Eso me dio cólera, porque que yo supiera, para estudiar esa carrera no eran solo esas dos cosas: eran matemáticas, medicina, saber estructuras del cerebro y así. Una vez me puse a debatir con una de ellas; me dio tanta rabia que dijera que definitivamente estudiaría eso solo por saber escuchar bien a la gente. ¿Acaso no conocían el examen de admisión? Bueno, igual al final la única amargada fui yo y ellas tranquilas con sus ideas un poco raras.

Al pasar 1ro, 2do y 3ro, con mis peores eventos canónicos, dejé de querer ser psicóloga. Uno, porque era una de las ramas de medicina, y medicina era área A, y el área A solicitaba una muy grande cantidad de puntos que yo sabía que no iba a alcanzar. En eso empecé a reconsiderar el plan A.

Mi papá conocía a mucha gente a nivel de Lima, entre ellas gente pituca. Él conocía a una señora mayor que los conoció cuando ella y su esposo lo contrataban para ayudarle a arreglar focos o cosas electrónicas en su casa. Mi papá se ganó mucho cariño de parte de ambos, y hasta ahora vamos a visitarlas anualmente. La vez que fui cuando estaba en 3ro, me puse a hablar con la hija de la señora. Ella es una señora muy culta; cada que hablaba con ella, sentía que cualquier cosa que decía podía ser perjudicial para nuestra relación. Ella me habló mucho de política y, por primera vez en mucho tiempo, no había discutido; es más, teníamos las mismas ideas y me parecía hermoso. Eso sí, me sentí muy nerviosa. Ella es una gran oradora y yo a las justas había leído unos pocos libros que me mencionaba.

Entre toda la charla, ella me dijo que yo era el futuro de nuestro país. Lo había escuchado muchas veces, pero que venga de ella me parecía aún más especial. Me preguntó qué quería estudiar y, sinceramente, lo dudé mucho. Creí muchas cosas, un gran futuro dependiendo de lo que le diga. Al final le dije derecho. Ella parecía muy satisfecha y yo aliviada. Me preguntó qué rama y yo le dije la única que conocía: derecho civil. Me dijo que sería una gran abogada y que estudiara duro. Me dijo que a ella le gustaba el derecho familiar, literalmente me dijo: “derecho familiar, divorcios, ¿lindo, verdad?”. La admiro demasiado.

Luego me comentó que tenía una sobrina que había estudiado psicología y que actualmente era psiquiatra. Lo dijo sin ganas y cortó rápido el tema. Me sentí agradecida de no haber dicho psicología.

Después de irnos, estuve pensando durante semanas sobre eso y consideré derecho como la carrera de mi vida.

La única razón que yo tenía eran las opiniones de los demás, no porque lo quisiera realmente. Hoy, en una actividad en el colegio, hablamos de eso. Tuve que darme un tiempo para pensar por qué quería estudiar derecho. No lo sabía. Me di cuenta de que tardé mucho en responder y dije: “porque quiero defender la justicia”. Ni a mí me convence.

Tal vez más adelante sepa qué quiero estudiar realmente, o le encuentre una verdadera razón por la cual quisiera estudiar derecho, aunque no sé si considerar que es porque está en área E y no requiere mucho puntaje al que no pueda llegar. Hasta entonces, ojalá tenga una respuesta clara.

Ya me cansé de escribir, chauu.


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